Por: Pascual E. ALEJO RETTIZ
Dosis acuñada desde la aparición del hombre. No hay duda que es un flagelo bíblico y ningún mortal común podrá desterrarlo, excepto que se comprometan a vivir por los caminos del hijo de Dios Jesucristo, sin embargo los llamados seguidores de Cristo (Católicos y protestantes) no marcan la diferencia en este siglo 21, y que hasta el más inútil de los políticos contemporáneos aun no comprenden el valor de ser Humanos.
La política naturalmente es “bien humano” y que esta ligada al hombre, pero son éstos que la hacen corrupta e inmoral y la desprestigian, y que es peor la hipotecan a intereses mezquinos de grupos, donde tejen la odiosidad contra la humildad, la transparencia y la honestidad; y que avalados en leyes adecuadas para el servicio de un sistema como el que tiene el país, donde le llamamos democracia, y nos recordamos de ella solo en la eventualidad electoral, luego de llegar al poder vemos a nuestros gobernantes como le gana la soberbia y el ego. Son muy escasas excepciones que algunos lideres responsables que están en el limbo de la política son eficientes y llenos de humildad, y se dan íntegros a servir a sus pueblos sin mezquindad, buscando su desarrollo.
Si queremos ganar a la inmoralidad, a la pobreza y corrupción, en política es lidiar contra aquellos parámetros de sentimientos que nace del alma para tomar decisiones sanas y soberanas a favor de la gran mayoría y no de minúsculos grupos que nos aplauden en todo momento o “nos soban la espalda”, así estemos equivocados en nuestras decisiones. Enmendemos el graso error de la historia política del hombre, es muy probable que nos murmuren o se fastidian nuestros colaboradores y seguidores, pero el hombre sabio siembra para recoger una cosecha de principios y enseñanza en el presente y en el futuro, desde luego que la historia nos juzgara al término de nuestra labor pública o privada.
Trasladamos esta apreciación a todos nuestros soberanos gobernantes del país, y en el caso de nuestra región sea de ellos, un compromiso especial con la doctrina democrática cumpliendo ejemplarmente sus postulados, en el sentido de hacer un buen gobierno a favor de nuestros pueblos, y luchando frontalmente contra la pobreza y corrupción, males sociales que debemos vencerlos con las herramientas de una política social justa e incluyente.